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Secuestrados por
extraterrestres
En 1987 se publicaron en Estados Unidos dos
libros que marcaron un hito en la historia del
fenómeno ovni: Comunión, de WHITLEY STRIEBER,
e Intrusos, de BUDD HOPKINS. El autor del
primero relataba una serie de sucesos en los que
era secuestrado por unas criaturas extrañas
durante la noche, para ser llevado a lo que
sería una nave espacial y allí ser sometido a
exploraciones y vejaciones como la introducción
de una sonda anal. En el segundo, se sugería
que cientos de personas habían sido víctimas
de este tipo de secuestros, denominados en la
jerga ufológica abducciones (traducción
directa del término jurídico inglés
correspondiente a secuestro). Estos textos
marcaron el pistoletazo de salida de una de las
modas ufológicas de más actividad en los
últimos tiempos.

Las abducciones suponen un cambio importante en
el folklore platillista porque suelen hacer
hincapié en aspectos negativos: los sujetos
abducidos lo son a la fuerza, siendo sometidos a
extrañas o aberrantes prácticas paramédicas,
y confiesan sufrir posteriormente alteraciones
psicológicas: temores, depresiones e incluso
paranoias. Hay que tener en cuenta que
normalmente aquellos que declaraban haber
establecido contacto directo con los tripulantes
de los ovnis, los contactados, solían recibir
más bien un adoctrinamiento espiritual, de
manera que su experiencia era más bien
positiva, haciéndoles elegidos para traernos de
vuelta un mensaje, normalmente mesiánico o
milenarista. Un claro ejemplo de este tipo de
contactos lo marca la sectaria Misión Rama,
nacida en Perú en los años 70 y popularizada
en nuestro país gracias a los escritos de JUAN
JOSÉ BENÍTEZ, cuyo eslogan era Rama es Amar.
Típica también es la prolongada historia
contactista italiana de EUGENIO SIRAGUSA,
autoproclamado «embajador de las potencias
celestes que aún hoy sigue viva en su afán de
darnos a conocer los mensajes de Fátima a
través del estigmatizado GIORGIO BONGIOVANNI.
El primer caso de este tipo de sucesos que
alcanzó popularidad había sucedido sin embargo
bastantes años antes, en 1961, cuando el
matrimonio HILL relató haber sufrido un
encuentro con un ovni, sin recordar lo que
había sucedido durante un periodo de más de
una hora. Tras ser sometidos a hipnosis,
recordaron haber sido introducidos en una nave,
y sometidos a exploraciones médicas.
La hipnosis parece ser una terapia clave en la
recolección de casos de abducidos (que algunos
como Hopkins o JOHN MACK aseguran alcanza a un
porcentaje superior al 4% de la población
norteamericana, o incluso mundial). Hay que
tener en cuenta, en cualquier caso, que la
hipnosis no es un método fiable para recordar
nada: de hecho, no se admiten testimonios de
este tipo como pruebas en los juicios, y los
psicólogos advierten que las memorias de
sujetos inducidos a hipnosis son más
coloristas, con muchos detalles, pero en ningún
caso más exactas que las obtenidas en una
simple entrevista. Lo que es peor, al creer el
hipnotizado que carece de voluntad, puede ser
fácilmente inducido a seguir o creer las
sugerencias del hipnólogo; una vez más aparece
el efecto investigador: los abduccionólogos
creyentes descubren fácilmente que sus
pacientes les afirman en su creencia, mientras
que los escépticos no lo hacen.
No hay ningún caso en el que el suceso de
abducción se acompañe de pruebas (testigos,
evidencias físicas) suficientes para apoyar la
idea de que haya ocurrido realmente fuera de la
mente del sujeto. Todo lo contrario, las
experiencias de visitantes de dormitorios se
hallan abundantemente descritas en la literatura
psicológica como productos de alucinaciones en
fases cercanas al sueño (hipnagógicas e
hipnopómpicas), e incluyen la sensación de
inmovilidad, la presencia de seres extraños, y
la experiencia extracorpórea, pudiendo sentirse
trasladado a otro lugar.
En nuestro país, el ex-sacerdote SALVADOR
FREIXEDO, ha sido uno de los más ardientes
defensores de este lado oscuro del fenómeno
ovni. Para Freixedo, varias razas diferentes de
extraterrestres llevan a cabo desde hace años
un plan programado de experimentación genética
con los humanos, en connivencia con las grandes
potencias (gobiernos y militares): los humanos
somos sus conejillos de indias, a cambio de
adelantos tecnológicos. Si alguien espera una
prueba mínimamente convincente de semejantes
afirmaciones en los escritos de Freixedo, se
llevará un gran chasco: todo aquél que no le
crea es poco más o menos, usando sus palabras,
«un pobrecito engañado». ¡Pues qué bien!
Paz y la prosperidad para los que siguen la Guia
Michelín
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