Fantasmas en la carretera - Apariciones en la carretera

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Foto Fantasmas en la carretera

Volvíamos un compañero y yo de San Pedro a Málaga después de su jornada laboral. Yo no trabajo con él pero le acompañé ese día. Él, como en muchas otras ocasiones, regresó por la carretera de Ojén, una carretera secundaria que une varios puntos, para evitar el molesto tráfico de la autovía.

siempre me han resultado inverosímiles, fruto de la sugestión o simples farsas, hasta que he vivido esta extraña experiencia.juzguenla ustedes mismos. Yo he tratado de darle una explicación lógica, pero la experiencia se ha repetido en cuatro ocasiones y sinceramente, ya me es imposible razonarlo. Les comento cómo ocurrió:



Volvíamos un compañero y yo de San Pedro a Málaga después de su jornada laboral. Yo no trabajo con él pero le acompañé ese día. Él, como en muchas otras ocasiones, regresó por la carretera de Ojén, una carretera secundaria que une varios puntos, para evitar el molesto tráfico de la autovía. Eran las 8 de la tarde aproximádamente (hará algo más de tre semanas) y era noche cerrada ya. La carretera en cuestión atraviesa zona de campos y, excepto en los primeros kilómetros en los que te topas con algún que otro pueblo o finca, después pasa por campo abierto hasta llegar a la autopista de Ardales. Bien, había muy poco tráfico y pasábamos por una recta, en pleno campo, con las largas puestas, y de pronto vimos una figura entre los árboles, pero no de lejos sino cuando ya casi estaba frente a la furgoneta.

 Era una muchacha rubia, de pelo liso, estaba en la cuneta entre los árboles y vestida demasiado fresca para el frío que hacía: tan solo una chaqueta y un pantalón vaquero. Lo primero que pensamos fue que habría tenido un accidente o necesitaba ayuda porque no habia ningun pueblo o casa que supieramos en kilómetros, pero no hizo ningún gesto, estaba cruzada de brazos mirando la carretera, y digo mirando supuestamente porque no pude quedarme con ningun rasgo de la cara y sin embargo puedo decir hasta el color de la camiseta que llevaba debajo. Ibamos rápido así que esa pudo ser la razón. Lo que hicimos fue parar en cuanto pudimos y dar la vuelta, no por morbo, estábamos convencidos de que esa chica necesitaba ayuda, si no que demonios hace una muchacha en el campo y totalmente a oscuras? Recorrimos la recta a 20 k/h y no estaba; mi compañero la llamó a gritos ofreciendo ayuda, pero ni rastro de la muchacha. Ya no nos bajamos porque estabamos un poco mosqueados con el tema y meternos entre los árboles sin linterna ni nada, no nos hacía demasiada gracia. Hasta ahí se le puede dar alguna explicación razonable, sobre todo después de ver que unos metros más allá de donde estaba la chica había un carril terrizo con el anuncio de un hostal-restaurante que no se veia desde la carretera.


Bien, una semana después iba éste mismo compañero de nuevo por la carretera y más o menos a la misma hora. Otro compañero de trabajo le acompañaba en otro vehículo detrás, y al pasar por la recta, de nuevo "ella". Vestía exactamente igual y estaba en la misma postura, cruzada de brazos. Era como ver una figura de cartón-piedra. Esta vez redujo y trató de observarla mejor y notó dos cosas muy curiosas e inquietantes: la primera es que no pudo ver su rostro, era un borrón oscuro, tan sólo se vislumbraban las facciones con manchas más oscuras; y lo segundo es que hacía viento y ni un sólo cabello de su melena estaba fuera de su sitio. Al acabar la curva paró la furgoneta en el arcén y en consecuencia también paró su compañero que le preguntó la razón, muy extrañado. Mi compañero le dijo si había visto a la muchacha y el otro respondió que no había visto nada.


De nuevo, tres días después, de regreso tras la jornada laboral. Yo me decidí a acompañarle después de que me contara lo sucedido, porque sinceramente, pensaba que me había mentido. Llegamos a la recta y aparece un niño, no la muchacha. Era un chico de unos 8 a 10 años, vestido con unos pantalones oscuros y una camiseta de manga larga, moreno, y miraba la carretera con los brazos hacia abajo...un niño absolutamente normal, solo que tampoco pude ver su cara. Esta vez se me saltaron las lágrimas porque aquello estaba fuera de todo razonamiento. No paramos, ni ganas que tenía, sólo queria que acelerara.
Y cuarto y último día (porque después no ha vuelto a pasar nada extraño). Volvíamos mi compañero y yo de nuevo que, aunque con mucho miedo, me resistía a perderme de nuevo una experiencia tan extraordinaria y le pedí que me llevara con él. Esta vez también nos acompañaba otro hombre detras con su vehículo. Lo que vimos fue ya demasiado. Estaba la muchacha rubia, con la misma ropa y la misma postura, con sus brazos cruzados mirando la carretera, y a su lado el niño, que sí había cambiado y parecía mirarla a ella o mirar al menos en esa dirección. Estaban inmóviles, es asombroso, por la nitidez de las figuras, parecían mimos en la carretera.
No he vuelto a ir con mi compañero y ahora siento bastante respeto, la verdad, no quiero volver a ir por allí como si aquello fuese una atracción de feria. Siento mucho respeto y en cierta manera ha cambiado mi visión sobre el tema.

Sé que ésta es una más de las conocidas leyendas urbanas de la chica de la carretera de Barcelona y sé que muchos no lo creerán al igual que yo no he creido miles de historias que leo en estos círculos, pero esta vez me ha pasado a mí y con desconcierto les remito mi experiencia

 
 
 



 

 

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