Titanic - El hundimiento del titanic en 1912 - Casualidades y premoniciones

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Tragedia del Titanic Hundimiento del Titanic

Desde un principio, el viaje inaugural del Titaníc es marcado por la tragedia. Se cuenta que al mo verse majestuosamente el inmenso barco de 46,329 toneladas de su amarradero en Southampton, qued junto al trasatlántico New York, que estaba anclado. D pronto se escucharon voces de alarma al enredars como cordón las gruesas cuerdas de amarre de ambo barcos, y luego empezaron a ser arrastrados junto por alguna fuerza desconocida. El Titanic fue dete nido justo a tiempo luego que la extraña "succión cesó, y en seguida los remolcadores abrieron camino lentamente al New York para llevarlo de vuelta a s amarradero. Una situación idéntica se presentó sól unos minutos después, cuando el Teutonic tambié se enredó en las cuerdas del Titanic y lo siguió de cerc varios grados hasta que el Títanic logró deslizarse.

fotos del titanic hundido en el fondo
Casualidades y premoniciones

W.T. Stead fue uno de los fallecidos en este tremendo accidente. Pero su caso no es del todo normal. 32 años antes del hundimiento Stead publicó un cuento donde narraba el hundimiento de un gran buque de pasajeros en mitad del océano Atlántico. En 1892 volvía a escribir otro relato sobre un naufragio, esta vez indicaba que éste se produciría al chocar con un iceberg. Posteriormente en 1910 daba una conferencia sobre seguridad en los barcos de pasajeros, ilustró su charla con una lámina en la que él aparecía como una víctima del naufragio, pidiendo ayuda inútilmente.

Incluso llegó a visitar el Titánic en su proceso de construcción, quizás llamado por la curiosidad consultó con varios “futurólogos”, uno de ellos, W. De Kerlor le dijo que lo veía realizando un viaje a América –no tenía previsto tal viaje- y que durante este viaje lo vería envuelto en una catástrofe marítima junto a cientos de personas.

A pesar de todas estas señales y de la carta de un sacerdote británico en el que le predecía el hundimiento de un trasatlántico recién construido, Stead decidió realizar el viaje, quizás fuera una cita ineludible….

El Sr. Colin McDonald rechazó el puesto de segundo ingeniero de a bordo del Titánic debido a una corazonada, estaba convencido de que algo sucedería en el buque. Por su parte Condon Middleton había soñado dos noches consecutivas con el hundimiento del barco, tenía el pasaje comprado y justo dos días antes de la partida pudo anular su reserva, librándose así de una muerte casi segura.

Otras personas llegaron incluso más lejos, es el caso del banquero J. Pierpont Morga, a pesar de tener el equipaje a bordo, canceló su billete debido a una superstición de última hora. Incluso en una obra publicada en 1911 titulada “Predicciones para 1912” podemos leer: “Un titán del mar, un coloso que se hundirá en las heladas aguas del Atlántico norte…”

23 años después el oficial William Reeves –que curiosamente había nacido la misma noche del naufragio- se encargaba de capitanear el “Titanian”, en esos momentos transitaba por las mismas aguas del accidente. En un momento determinado el oficial sintió una presión, un agobio insoportable que le hizo mandar un brusco cambio de rumbo, súbitamente apareció un enorme iceberg que no chocó con el “Titanian” debido a la intuición del joven Reeves.

Existen más sucesos inexplicables, por ejemplo el del matrimonio Wanderbright. Habían adquirido un pasaje de primera clase, enviaron al mayordomo para que comenzara a acomodar la estancia de la pareja y situar el numeroso equipaje para el viaje. Pero el matrimonio no llegó a subir a bordo, a escasos segundos de zarpar abandonaron maletas y sirviente quedándose en tierra. ¿a qué se debió esta inesperada decisión?.

Quizás la ausencia más sorprendente en este viaje inaugural fue la del dueño de la naviera J.P. Morgan y del dueño de la constructora Lord Gird, ambos acostumbraban a realizar los viajes inaugurales de sus buques, pero en este caso no lo hicieron.

Como vemos fueron muchas las casualidades, premoniciones, predicciones y sueños que sucedieron en torno al hundimiento del Titánic, la pregunta sería ¿está el futuro escrito?.

Los de los botes miraban hacia atrás al imponente barco que se hundía. El barco, de casi 300 metros de largo con cuatro enormes chimeneas y que todavía brillaba con la luz resplandeciente de claraboyas y salones, ahora estaba bajo por las amuras y hundiéndose despacio pero perceptiblemente. El ángulo se hizo más abierto al levantarse el estribor, luego se inclinó hasta alcanzar una posición casi vertical y permaneció unos momentos así, casi inmóvil. Al balancearse, todas sus luces se apagaron de repente y se produjo un profundo estruendo cuando toneladas de maquinaria se cayeron y rompieron hacia la proa. En seguida el enorme trasatlántico se deslizó hacia ade­lante y hacia abajo, cerrándose las aguas sobre él como una mortaja.

Poco después de las 04:00 horas, el Carpathia que realizó una peligrosa carrera en las aguas a una velocidad hasta entonces desconocida (para él) de 17 nudos, llegó al escenario de la tragedia a las 08:00 horas había rescatado a los ocupantes de todos los botes. Con él estaba el California, un trasatlántico que se había detenido durante la noche a menos de 10 millas del Titaníc y cuyo capitán sería severamente criticado por no observar los cohetes de auxilio del navío accidentado.

El mundo entero quedó conmocionado cuando se proporcionó el saldo final del desastre. De las 2,206 personas a bordo, 1,403 murieron o desaparecieron; la mayoría eran miembros de la tripulación y pasajeros varones del mayor desastre marítimo de todos los tiempos. La investigación dio como resultado la creación de la International Ice Patrol (Patrulla Internacio­nal del Hielo) así como una reglamentación más estricta en cuanto a la provisión de suficientes botes salvavidas para acoger a todas las personas que están a bordo de los barcos.

Causas Hundimiento

El problema grave surgió en la sala de calderas, donde un chorro incontenible comenzaba a inundarlas. Los marinos que huyeron de allí sellaron el recinto con la puerta de acero "inviolable" . Pero el agua irrumpió de pronto. Como una brutal muralla, en no menos de 6 compartimientos a la vez, entraba por una grieta a lo largo del casco de acero.

Causas Hundimiento
Pasadas las 12 de la noche, mas de 400mts cúbicos hundían la proa del Trasatlántico. El agua, penetraba también por las aberturas practicadas en la parte superior de los compartimientos "de seguridad". Estos estaban sellados solo en sus dos tercios, nadie pensó que las aguas superarían la altura de la línea de flotación. Sin estos compartimientos estanco, el agua no se habría concentrado en los compartimientos de proa y se hubiese repartido mejor por todo el buque, de este modo, el desenlace habría sido más lento.

Faltando 15 minutos para la una, los botes salvavidas empezaron a descolgarse en el mar. Tres cuartos de hora más tarde, la proa se hundía con una inclinación de 45 grados. La chimenea principal cayó en pedazos a las 2 de la madrugada. A las 2:18 se oyó un ruido ensordecedor, a consecuencia - se sabe hoy- de la rotura del casco en dos. A las 2:20 ocurrió el último capítulo: el buque se sumergió por completo, llevándose consigo a 1500 víctimas. Lo hizo a 20 m por hora y se clavó en el lecho marino a las 2:30 del día 15, según los cálculos de Ferguson y del ingeniero canadiense Bill Roggenstack.

No obstante, la respuesta definitiva al gran interrogante del siniestro solo sobrevino en la tarde de 6 de Enero de 1995. Saltó ante las investigaciones (de Blasco y Ferguson) en el centro de física naval del departamento de defensa de Canadá, en Halifax, capital de Nueva Escocia. Allí, el ingeniero en erosión de materiales, Kent Karis Allen, tomó esa tarde en sus manos la pieza decisiva para despejar uno de los mayores enigmas contemporáneos. Era un trozo del casco, un disco de apenas 20 cm de diámetro y 2,30 cm de espesor. Las algas y residuos oceánicos permitían, a pesar de todo, ver los agujeros de los remaches originales. Una vez limpio, aparecieron trazas de la pintura marrón, que estaba casi intacta. Curiosamente, había muy pocos rastros de oxido, lo menos que podía esperarse al cabo de 83 años.

¿Cómo llegó este fragmento de casco hasta los laboratorios canadienses? A partir de 1991, un grupo de científicos cualificados, el geólogo canadiense Steve Blasco, su ayudante, el oceanografo William Snyder, y el ingeniero Ferguson, habían bajado a la fosa oceánica para extraerle al Titanic una confidencia decisiva. Los acompañaban cámaras que filmaron aquellos abismos estremecedores, poblados por peces jamás vistos antes y por raras formas fosforescentes. Los intrusos se desplazaron muy cerca del esqueleto del barco naufragado, a bordo de 2 mini-submarinos soviéticos MIR, utilizaron un modernisimo radar de barrido electrónico y eco sondas ultrasónicas, capaces de enfocar un metro cuadrado a 5.000 metros de profundidad.

 

 
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